La novela

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   ADIÓS HABANA, ADIÓS

 

 

Adiós Habana, adiós, no pretende ser un relato absolutamente histórico. La obra trata de situar al lector  en un momento vital en la Historia de España y de Cuba y aportar, con las oportunas licencias literarias, datos históricos para el público en general. Mis investigaciones se  prolongaron por espacio de cuatro años, todos los hechos y fechas en los que se sitúan a los personajes reales que aparecen a lo largo del escrito, están sustentados por la pertinente prueba documental. Sirvan como ejemplos los historiales militares de  Martínez Campos, Federico Capdevila Miñano y otros,  o las causas interpuestas contra “el paisano” Josep Miró Argenter, obtenidos gracias a la colaboración  del Archivo Militar de Segovia o a las consultas a los archivos de la Universidad de Barcelona y Zaragoza para “seguir” las vicisitudes académicas de los personajes.

Otro de los soportes que dan base histórica a la novela han sido la lectura de biografías fiables de los actores principales y escritos de éstos, como  Crónicas de la Guerra, de Miró Argenter y  textos  literarios o autobiográficos de Martí. Las frases personales, sobre todo las atribuidas a José Martí, están expresamente en letra cursiva. Y si alguno de los hechos y sucesos que se relatan puede parecer muy conocido por el lector cubano, hay que tener en cuenta de que el lector español está, en general, muy poco enterado de aquellos momentos pese a su gran repercusión histórica.

En base a lo anterior he procurado evitar contar lo que “todo el mundo sabe” y he preferido narrar anécdotas y hechos de figuras de segunda fila,  desconocidos para la mayoría, pero que despierten el interés del lector. Por supuesto, no he podido – ni he querido – dejar de relatar acciones trascendentales de aquel período histórico que tienen mucho que ver con las situaciones personales de los personajes centrales.

 

La novela pretende contar un período de la vida española, que va desde la caída de Isabel II, en 1868, con la situación caótica de las guerras carlistas y las tentativas revolucionarias, hasta el hundimiento de la flota del Almirante Cervera en Santiago de Cuba, en 1898.

Se divide en dos partes: la primera se inicia con la llegada del personaje principal – un médico catalán – a La Habana en 1874, y en sucesivas retrospecciones se relatan los hechos que le han llevado hasta allí y que le permitieron conocer a la mayoría de los personajes históricos que van apareciendo en la obra. La segunda, totalmente antillana, retrata los últimos años del dominio español en la Isla.

Juan Gisbert, el protagonista principal, explica en primera persona su evolución personal e ideológica que le llevará a decantarse de su ascendencia burguesa y abrazar las ideas “republicano federalistas”. En la Facultad de Medicina de Barcelona conocerá a uno de sus grandes amigos: Josep Miró Argenter, quien llegará a engrosar las filas carlistas, mientras Gisbert será  oficial médico de las tropas republicanas y esto le permitirá salvar la vida de su amigo herido en la defensa de la ciudad de Berga.

Cuando la Primera República Española es violada por el general Pavía y disuelta por generales golpistas, los dos amigos se reencontraran perdedores y prisioneros. Gisbert es exiliado a Zaragoza donde conocerá a otro de sus grandes amigos: José Martí. En la ciudad aragonesa sellaran una amistad eterna. Por su parte, Miró se traslada a Cuba para trabajar en la hacienda de unos parientes. En la Isla se reencontraran los tres y serán participes y protagonistas de grandes acontecimientos.

A su llegada a Cuba, Gisbert “descubrirá” el hechizo de La Habana, simpatizará con la causa de la independencia y trabajará como cirujano al lado de Juan Carlos Finlay. Allí conocerá a la hija adoptiva  (una de las ventoleras literarias que me he permitido) de otro gran personaje en la historia cubana: Joaquín Capdevila y Miñano. María Capdevila y Joan Gisbert  vivirán enamorados hasta posteriores acontecimientos. María representa a la mujer de su época, soporte incondicional de su esposo y que por ello, sacrificará muchas de sus grandes posibilidades de evolución personal.

Eloísa, es otro de los personajes principales del texto, mulata y ex esclava, parece, en principio, un tópico habitual en este tipo de novelas. Pero la figura de Eloísa contiene todo un hermoso mundo en sí misma, representa a la propia Cuba.  Enamorada de lo mejor del médico – es decir, de la España liberal y culta – tomará, como la misma Cuba, su propio y elegido destino; es decir, la libertad con todas sus consecuencias.

En el texto se relata la muerte de José Martí y del general mulato Antonio Maceo y algunos de los primeros encuentros con mambises y norteamericanos, en la Guerra de Liberación o Guerra Hispanoamericana. Lugares como Guantánamo, los Altos de Sevilla o Dos Ríos son algunos de los escenarios de los sangrientos combates. Aquí he preferido que sea un hipotético narrador quien sitúe al lector en el drama, puesto que el personaje central no está presente.

Debo pedir excusas por algún guiño histórico al lector, por ejemplo: suponer que Gisbert trae los títulos de licenciado de Martí. El juego de palabras de la ficción, confirma el hecho real de que fueran entregados al Ministro de Educación cubano, 120 años después, por el entonces Rector de la Universidad de Zaragoza, José Antonio Badiola.  Algunas de las hipótesis que se barajan, las sustento siendo consciente de que entrarán en controversia con otros historiadores, como la suposición de que José Miró conoció personalmente a José Martí o que fue un práctico cubano al servicio del ejército español, quien remató al líder cubano en Dos Ríos. En el mismo orden de “provocación histórica” se apuntan, sutilmente, realidades transgredidas o errores en los textos de historia.

 

Termina la obra con la batalla naval de Santiago de Cuba. Nuestro doctor, que en un principio trata de pasarse al ejército revolucionario, vive las últimas semanas del asedio.  Sabe que la guerra está perdida y que la flota norteamericana hará añicos a la española. Entonces elige de nuevo a los débiles y  se “enrola” con los marinos de Cervera, el resto ya es Historia. La vuelta a casa de Gisbert, nos conduce al epílogo, breve, pero significativo.

La figura del personaje central, comprometido con la causa mambí, pero que jamás llega a involucrarse a los niveles de Martí, Miró, Bacardí y de tantos otros, o su actitud frente a la explotación y la esclavitud, tratan de retratar una forma de ser. Que sea comprendido o no, depende de cada  lector.

 

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